viernes, 1 de octubre de 2021

La Isla de la Niebla 1: La Casa de Agnes

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LA ISLA DE LA NIEBLA
PARTE 1: LA CASA DE AGNES




ISLA LEWIS AND HARRIS, ESCOCIA, REINO UNIDO. 1935.

Nuestra historia comienza en las costas de la salvaje a la vez que misteriosa isla Lewis and Harris. Estamos en los primeros días de 1935, es Enero y el frío se deja sentir con intensidad en todo el noroeste de Escocia. Una densa a la vez que siniestra niebla envuelve toda la isla como cada invierno cuando comienza a caer la tarde. En el mar, a poca distancia del puerto de Salmally, un viejo barco procedente de Uig navega lentamente hacia la isla. A lo lejos se puede apreciar como el faro del puerto brilla entre la espesa niebla que apenas deja ver la costa. El ferry transporta poco más de una veintena de pasajeros así como algunos coches de la época. Entre la gente que viaja en el navío vamos a conocer a una familia de Manchester. Ellos son los Williams. 


EXT. / BARCO / DÍA
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Muy cerca de la proa del ferry, los cuatro miembros de la familia Williams conversan, rodeados de otros pasajeros del barco. Don James y su hija Rachel viajan acompañados de doña Margaret, madre y abuela respectivamente de ambos. Les acompaña Sylvia O'Connor, una solterona irlandesa que trabaja para los Williams como empleada de servicio. 

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El barco se acerca más y más a puerto hasta que finalmente Salmally aparece a la vista envuelta en una niebla tan tenebrosa como fascinante.

Margaret: ¡Por el amor de Dios, James!!! Esto parece la entrada al infierno... ¿Por qué no me dijiste que en esta isla hacía tan mal tiempo? Estoy helada, la niebla me provoca dolor de cabeza, siento que se me congelan hasta las ideas. (Dice con tono irónico y cómico a la vez)

James: No empieces otra vez con lo mismo mamá llevas todo el viaje quejándote desde que salimos de casa. Ya está bien. Estamos en enero, en Escocia. ¿Qué esperabas? 

Rachel: Mi papá tiene razón, abuela, además en Manchester no nos podíamos quedar y tú lo sabes. Venir aquí ha sido lo mejor que nos podía pasar.

Margaret: En Manchester al menos teníamos casa propia, Rachel. Todavía no comprendo como pudiste aceptar venir a trabajar de médico a esta dichosa isla dejada de la mano de nuestro Señor.... Aggg... (Abrigándose más con la bufanda y el sombrero) Si sobrevivo a este frío, creo que podría mudarme a Rusia el año que viene... (Dice con sarcasmo)

Sylvia: Disculpen que me entrometa en la conversación, doña Elizabeth pero... yo casi que prefiero vivir en un pueblecito así que en Manchester, esa ciudad apesta al humo de las fábricas por no hablar de la cantidad de hombres sin modales que trabajan en ellas. 

James: En cuanto lleguemos a puerto un joven nos estará esperando para llevarnos a la casa que he alquilado. El alcalde de Salmally me dijo por teléfono que me la dejaría a muy buen precio.

Margaret: Así será la casa... no me digas más... ya la estoy viendo... Tu padre definitivamente ha perdido el juicio, hija... (Mirando a Rachel, le guiña el ojo muy cómica) 

Rachel: Jajaja. Ay abuela, no cambias...

Sylvia: ¡Ya llegamos!!! ¡Miren, el puerto!!! (Sonríe)

Los cuatro miran hacia el puerto de Salmally donde el ferry va a atracar. Todos los pasajeros se preparan para descender del barco. Los Williams suben al coche de James, el cual llevaban en el buque. El auto va cargado de maletas, incluso en la parte de arriba. Don James maneja el vehículo. Los trabajadores del puerto y la tripulación del barco se preparan para la llegada. Los viajeros que no llevan autos son los primeros en descender del ferry. Seguidamente los pasajeros con coches. 


EXT. / PUERTO DE SALMALLY / DÍA
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Mientras don James aparca el coche a poca distancia del puerto, doña Margaret y Sylvia conversan a la vez que observan con detalle la pequeña localidad de Salmally.


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Margaret: ¿Y dónde se supone que está el muchacho que nos va a llevar a la casa? Porque yo no veo a nadie por aquí... 

Sylvia: Por allá viene un joven... mire señora Williams. (Le indica con una mano)

En ese momento un chico joven subido a caballo les saluda. Él es Albert, un muchacho del pueblo.

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Albert: Buenas tardes... Ustedes deben ser los Williams. Me llamo Albert Smith, el alcalde me dijo que llegaban en el ferry de las cinco. (Descendiendo del caballo y tomando las riendas ya a pie)

Sylvia: Así es joven, disculpe me llamo Sylvia O'Connor, esta es la señora Williams. 

Albert: Un placer, señora... (Le tiende la mano pero la vieja no se la da, Albert la retira mirándola mal)

Margaret: Si me disculpa un momento debo avisar a mi hijo y a mi nieta. Están allá, junto al coche. (Le señala con una mano) ¡Ey, yujuuuu!!! 

Los tres caminan hacia el auto junto con el caballo de Albert. 

Sylvia: Señor, este muchacho vino a buscarnos. Se llama Albert Smith.

James: ¡Buenas tardes! (Le estrecha la mano) Soy James Williams. Ella es mi hija Rachel.

Rachel: Hola... (Sonríe algo avergonzada)

Albert: Buenas tardes, señor, señorita... (El chico cruza su mirada con la joven unos instantes)

Margaret: ¡Bueno, bueno! Será mejor que nos vayamos porque ya casi es de noche... Tengo ganas de llegar y descansar de una vez. Estoy agotada, llevamos todo el día en movimiento, entre coche, barco...

Sylvia: Ay señora Williams...que pesada que es... Que viaje me ha dado, joven, usted no sabe... 

En ese instante Albert contiene la risa...

Margaret: ¡Cállese señora O'Connor! Que no tengo ganas de discutir otra vez. Siempre llevándome la contraria... Cualquier día la pongo de patitas en la calle.

Sylvia. No se atreverá... (Desafiante pero cómica a la vez) Pero si es usted la que empieza... (Mirándola mal, ambas suben al coche)

Rachel: Por favor, ya es suficiente. ¿No les parece?

James: (Mirando a Albert) No les haga caso joven, siempre están igual... Lo mejor es ignorarlas, son como niñas...

Margaret: (Desde el auto) ¡Te he oídoooo!!!! (Gritando con mal genio)

Rachel: ¡Abuelaaa!!! Jajajaja. (Mirando a Albert, sonríe)

Albert: Jajajaja. Me parece que doña Margaret es una mujer de carácter.

James: No lo sabe usted bien, muchacho... no lo sabe usted bien. (Sonríe) Vamos...

Poco después James y su hija Rachel suben al coche. Albert va en su caballo delante guiándoles. La casa a donde se dirigen se encuentra fuera del pueblo, como a media milla por una solitaria carretera rural.


INT. / COCHE DE LOS WILLIAMS / NOCHE

En la parte de atrás del coche, Margaret y Sylvia van discutiendo, para no variar. En la parte de delante James conduce el vehículo, a su lado va su hija Rachel en silencio.


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Margaret: Lo que faltaba. Ahora tenemos que ir a paso de tortuga coja detrás del caballo de ese Albert o como se llame. Tiene pinta de delincuente. ¿No creen?

Sylvia: ¿Qué va a tener pinta de delincuente doña Margaret? Deje de decir tonterías. Para mí que la niebla de esta isla le está afectando al cerebro. (Dice muy cómica)

Margaret: Habló la loca de los gatos... (Le responde con mal tono)

James:  ¡Bueno ya basta! Mamá por favor, es que no pueden estar ni un momento sin pelear las dos... ¿Eh? 

Rachel: Deberías estar agradecida a que ese muchacho nos lleve hasta la casa, abuela. A mi me parece muy simpático.

Margaret: Y muy guapo... ¿Verdad? (Dice con segundas)

Rachel: Abuela... (Avergonzada) Ahora lo que menos busco es novio, estoy muy bien sola. Además ni siquiera me he fijado...

Margaret: Obvio tú mereces un muchacho de buena familia, mujer... Pero como sigas así te vas a quedar para vestir santos, igual que esta... (Mirando a Sylvia)

Sylvia: La verdad que es muy apuesto, el chico... tiene buena planta. ¿A qué se dedicará?

Margaret: A atracar bancos, seguro... (Muy cómica mirando al techo del coche)

James: Ya llegamos... tampoco estaba tan lejos como pensaba. Esa es...

Don James detiene el coche en el patio delantero de la casa. La vieja vivienda permanece a oscuras, sólo una pequeña lámpara ilumina la entrada. Una casa de piedra y algo más de doscientos años les espera. 


EXT. / CASA WILLIAMS, ENTRADA / NOCHE
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Albert: ¿Qué les parece? La casa lleva cerrada unos cincuenta años, imagino necesitará algunos arreglos. Yo les puedo ayudar con eso, si lo desean. (Sonríe amable)

Rachel: ¿En serio Albert? Sería genial que nos echases una mano con ello. 

James: Te llamaré mañana y hablamos sobre el tema, si te parece. ¿Por cierto, donde es que vives? 

Albert: Ahí enfrente... (Sonríe indicando otra casa al otro lado de la solitaria carretera)

Vemos una humilde vivienda también de piedra donde se divisa una luz en una ventana de la planta baja.

Sylvia: ¿Entonces vamos a ser vecinos? ¿Qué buena noticia, verdad doña Margaret? (Se burla de la vieja)

Margaret: Sí... que gran noticia... ma-ra-vi-llo-sa... (Dice muy cómica pero molesta a la vez)

Rachel: ¿Vives tú sólo en esa casa, Albert?

Albert: No, vivo con mi madre y mi abuelo. Mi papá murió el año pasado.

James: Lo lamento, joven... ¿Qué le ocurrió? Si podemos saber, claro...

Albert: Unas fiebres, no sabemos muy bien... Pero bueno, así es la vida... Ehm... debo irme tengo que atender a mis ovejas. Mañana conocerán a mi familia. Ah se me olvidaba. Tome, las llaves. (Le entrega las llaves de la casa a James)

James: Gracias, muchacho, muy amable. Hasta mañana.

Rachel: ¡Que descanses Albert y muchas gracias por todo!!! (Sonríe)

Albert: ¡Chaoo!! (Se va cruzando con su caballo de la mano hacia su casa al otro lado de la carretera)

Margaret: ¿Dijo ovejas?
 
Sylvia. Sí, ovejas.

Margaret: Por el amor de Dios... (Caminando hacia la casa muy cómica)


INT. / CASA WILLIAMS, RECIBIDOR / NOCHE

Los Williams entran en la vieja y destartalada casa. Don James prende la luz tocando a un interruptor de la pared. 

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Rachel: Si que va a necesitar alguna que otra reforma, pintar un poco tal vez, no sé... ¿Tú qué opinas papá?

James: Sí, creo que una mano de pintura bastará. Los muebles son algo antiguos pero... están en buen estado. Será mejor que vayamos entrando las maletas. Las dejaré todas en el salón y luego las vamos distribuyendo por las habitaciones. Señora O'Connor, por favor, comience a limpiar el dormitorio principal. Tenemos que tener los cuartos listos antes de irnos a dormir. 

Sylvia: Muy bien, don James. Enseguida me pongo manos a la obra... (Marcha hacia la cocina)

Margaret: ¿En serio ustedes dos creen que esta casa necesita sólo... una mano de pintura? (Con sarcasmo) ¿De verdad lo dicen?

Rachel: Bueno... yo no la veo tan mal... vale, se ve que tiene muchos años pero... 

Margaret: Mientras el techo no se nos caiga encima... (Sonríe de forma sarcástica subiendo por las escaleras)

Rachel: Abuela... (Subiendo con ella)

Mientras tanto, James se queda a solas en el recibidor. El hombre abre una de las maletas y saca un retrato de su difunta esposa Nathalie. Don James cuelga el cuadro en la pared y le habla.

James: Espero que nos vaya bien en este lugar, Nathalie... ojalá estuvieras acá mi amor. (Sonríe con algo de tristeza) ¡Señora O'Connor!!! (Se va hacia la cocina)

Lo que los cuatro nuevos habitantes de la casa no se imaginan es que hay alguien más con ellos, alguien que les ha visto llegar desde las sombras y a quien no han podido ver. Una mujer vestida de novia camina por el recibidor y sube las escaleras hacia el primer piso. 

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Es un fantasma cuyo halo se desvanece según avanza sus pasos por la escalera. Escuchamos música incidental.


INT. / CASA WILLIAMS, DORMITORIO DE MARGARET / NOCHE

Doña Margaret y su nieta Rachel conversan en una de las habitaciones. La joven y su abuela intentan limpiar un poco aunque no están muy acostumbradas a ello. Rachel está barriendo el piso con una escoba y levantando mucho polvo.

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Margaret: (Tosiendo) ¡Para, paraaaa!!!

Rachel: ¿Qué ocurre abuela? 

Margaret: Que me estas ahogando, eso es lo que ocurre. Dile a la señora O'Connor que traiga un balde de agua... ¿No te enseñaron que antes de barrer hay que salpicar un poquito el suelo? Para no levantar polvo, mujer... 

Rachel: Pues la verdad no....

Margaret: Iré yo... pasa un paño por los muebles mientras, anda... (Se va)

En ese instante la presencia de la mujer vestida de novia entra en la habitación y observa a Rachel. La joven no se da cuenta. El fantasma permanece oculto a la vista humana pero interviene hablando.

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Agnes: ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que hacen aquí? ¿Quién les dio permiso para entrar en esta casa? En mi casa... (Mirando a Rachel con odio)

Justo en ese momento Rachel se queda quieta, algo nerviosa y asustada.

Rachel: ¿Abuela? ¿Dijiste algo?

Pero no se escucha a nadie más...

Rachel: Que raro, juraría haber oído a alguien hablando... Serán imaginaciones mías... (Pasando un plumero por encima de una mesa) 



INT. / CASA SMITH, COCINA / NOCHE
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Al otro lado de la carretera, en la casa de enfrente, la familia Smith está reunida a la mesa de la cocina cenando. Helen, la madre de Albert, sirve los platos. Su suegro don Michael mira por la ventana hacia la casa de los Williams.

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Michael: No puedo creer que el alcalde decidiera abrir esa casa después de tantos años... en serio que no doy crédito a lo que ven mis ojos. Jamás imaginé que viviría para verlo.

Albert: ¿De qué hablas abuelo? 

Michael: De nada... cosas mías... (Comienza a cenar)

Helen: La verdad que será agradable tener vecinos, llevamos cincuenta años sin nadie viviendo al otro lado de la carretera. 

Albert: Parecen buena gente, bueno, no todos.. la vieja es muy agria, parece que se lo deben y no se lo pagan o algo.

Michael: Jajaja. La vi bajar del coche, tiene pinta de ser una señora muy estirada. Lo que no entiendo es que hace una familia como ellos en esta isla. 

Helen: El pueblo necesitaba un nuevo doctor desde que el señor Thomas se jubiló y se fue a Edimburgo. Fue el único médico que respondió al anuncio, por lo visto.

Albert: ¿Por que lleva esa casa cerrada cinco décadas, abuelo? ¿Por qué nadie ha querido vivir ahí desde entonces?

Michael: Bueno es que... es una larga historia...
 
Helen: Don Michael, no... (Mirándole mal)

Albert: ¿No qué, mamá, qué pasa? Cuando era niño no me dejaban jugar al otro lado de la carretera. 

Helen: Cena y calla, que mañana tienes que madrugar. ¿Cómo van las ovejas? ¿Todo bien?

Albert: Todas bien... espero que en marzo comiencen a parir muchos corderos. Creo que será una buena primavera.

Michael: Estoy deseando que llegue el buen tiempo, odio el invierno, odio esta isla... Odio la niebla... Deberíamos irnos de aquí muy lejos. Lejos de esa... (Mirando la casa de enfrente por la ventana)

Helen: ¿Y a dónde demonios nos íbamos a marchar don Michael? Estas tierras le han pertenecido a su familia desde hace varias generaciones... 

Albert: A mí me gusta vivir aquí... Nunca me iré de esta isla. Acá está enterrado mi papá. Además... creo que me acabo de enamorar.

Helen: ¿De quién? No me irás a decir que te gustó la hija del médico... (Sorprendida)

Albert: Ajá... (Bebiendo un vaso de cerveza)



INT. / CASA WILLIAMS, COMEDOR / NOCHE

Sylvia sirve la cena a la familia Williams. James, Margaret y Rachel charlan sentados a la mesa del comedor. La chimenea está encendida y la leña arde calentando toda la estancia.

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James: Bueno, mañana será otro día. Menos mal que traíamos algo de comida para esta noche.

Sylvia: No se preocupe don James, mañana tempranito iré al pueblo y llenaré la despensa.

Rachel: Yo te puedo llevar en el coche de mi papá. Así de paso aprovecho a conocer un poco Salmally.

Margaret: Sigo sin entender como es que vamos a vivir en esta casa tan lejos del pueblo. ¿No sería mejor que estuviéramos en el centro? Lo digo por la consulta, Dios me libre...

James: Era la única casa disponible en todo Salmally, mamá... Por ahora es lo que hay. Más adelante ya veremos. Además, tampoco estamos tan lejos, es media milla nada más. Un paseo de nada en coche, incluso caminando.

En ese momento la puerta del comedor se cierra de golpe y todos se asustan. Rachel y Silvia gritan repentinamente.

Rachel: Qué susto... ¿Se ha dejado alguna ventana abierta, señora O'Connor?

Sylvia: ¿Yo? No... con el frio que hace, nada que ver.

James: Qué extraño... (Se levanta de su silla y se acerca a la puerta) 

Margaret: En esta casa pasan cosas muy raras Rachel... Antes estaba en el baño y el grifo del lavabo se abrió solo.

Rachel: ¿Qué dices, abuela? Eso es imposible.

Margaret: Te lo juro, te digo que se abrió sólo. No sé, hay algo que no me gusta de esta casa y no es por lo vieja que esté o deje de estar. No me da buenas vibraciones.

Sylvia: Tonterías doña Margaret... Creo que usted se lee muchas novelas de misterio me parece a mí. ¿O me equivoco?

Margaret: En cambio otras por no leer, no leen ni los prospectos de las medicinas. (Mirando a Sylvia con burla) Cualquier día muere intoxicada por sobredosis de jarabe para lo tos o algo peor... (Dice con sarcasmo)

James: Mamá.... (Conteniendo la risa)

Pero en ese mismo momento se va la luz eléctrica y el comedor queda a oscuras alumbrado solamente por el fuego de la chimenea.

Sylvia: ¡Ahhhh!!!! 

Rachel: Casi me da algo. ¿Qué habrá pasado ahora papá?

James: Seguro saltaron los plomos, iré a mirar, espero que la instalación eléctrica de la casa esté bien porque si no voy a tener que hablar muy seriamente con el alcalde. (Se marcha hacia el pasillo)

Margaret: Mientras no tengamos que volver a usar velas como en mis tiempos... (Dice irónicamente)

Sylvia: Ahora que dice de velas, voy a la cocina, creo que había unas en un armario. (Se marcha)

Rachel: Estoy empezando a pensar que tienes algo de razón, abuela. Esta casa es muy rara.

Margaret: ¿Qué te había dicho yo, querida? Deberíamos agarrar todos nuestros bártulos y marcharnos mañana mismo de este sitio. 

Rachel: Bueno, tampoco hay que exagerar...

Margaret: Eso decían en Bélgica antes de que los alemanes la ocuparan en el catorce... Que no había que exagerar. (Le responde con sarcasmo)

Rachel: Ojalá mi mamá estuviera acá, abuela. La echo tanto de menos... (Dice con tristeza)
Justo en ese instante regresa la luz y James entra de nuevo en el comedor.

James: Habían saltado los fusibles... Todo bien, terminemos la cena. (Se sienta a la mesa otra vez) ¿Dónde está la señora O'Connor?

Rachel: Dijo que iba a la cocina a por unas velas...

Margaret: Debe haber ido a la tienda a por ellas, no se preocupen, no demora... (Dice con algo de sorna)

Su hijo y su nieta contienen la risa.


INT. / CASA WILLIAMS, DORMITORIO DE RACHEL / NOCHE

Esa misma noche, después de la cena, cuando ya todos se han ido a dormir, Rachel habla con la foto de su difunta madre la cual ha puesto en la mesilla de noche sobre un portarretratos.

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Rachel: Mañana comenzamos una nueva vida, mamá... Espero que nos vaya muy bien en la consulta a papá y a mí. Hasta mañana.

La muchacha apaga la pequeña lamparita de la mesilla y se arropa en la cama para dormir. En ese momento Agnes aparece en la habitación y la observa. El fantasma se ilumina con su propia luz. Sus ojos se tornan de color rojo intenso y brillante. 

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Agnes: Esta casa es mía... ¡MÍAAAAAA!!!!!

El espíritu demoníaco se desvanece, las cortinas de la ventana se mueven como si fueran ondeadas por el viento pero dicha ventana está bien cerrada. Agnes atraviesa la puerta del cuarto y se marcha.




AL DÍA SIGUIENTE
INT. / CASA SMITH, CUADRA / DÍA

Albert está cepillando a su caballo, el joven termina la tarea y sale de la cuadra.


EXT. / CASA SMITH, PATIO DELANTERO / DÍA
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A lo lejos, al otro lado de la carretera Albert ve a Rachel, la muchacha le saluda y cruza hacia su casa rápidamente.


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Rachel: ¡Buenos días Albert! ¿Qué tal estás? 

Albert: Bien... ¿Y usted señorita Williams?

Rachel: Por favor, llámame Rachel... ¿Qué haces tan temprano levantado?

Albert: Lo mismo debería preguntarte yo, la verdad tenía mucho que hacer. La granja es un trabajo a tiempo completo. Mi abuelo ya está mayor y ayuda lo que puede. Mi mamá y yo nos encargamos de casi todo.

Rachel: Comprendo...  Debe ser dura la vida de los campesinos en esta isla, imagino.

Albert: Un poco... la tierra es dura, es poco fértil, apenas crece nada más que pastos y algunos árboles y arbustos. El invierno es muy desapacible. Mi familia y yo vivimos de las ovejas, de los corderos que producen y de la lana que esquilamos cada junio.

Rachel: Mi papá fue al pueblo a hablar con el alcalde. Dice que va a contratar un pintor. Lo siento...

Albert: Entiendo... yo no soy más que un simple pastor.

Rachel: No digas eso... (Dice apenada)

Albert: Tu abuela me mira por encima del hombro, creo que no le caí bien y yo sé que es porque no tengo dinero, como ustedes...

Rachel: Nosotros no somos ricos, Albert, somos una familia de clase media de Manchester. Mi papá trabajaba en una clínica pero la cerraron por temas económicos y se quedó sin empleo. Por eso nos mudamos aquí.

Albert: Nunca he estado en Manchester, bueno de hecho, nunca he salido de esta isla. ¿Sabes?

Rachel: ¿En serio? ¿Ni siquiera has ido a Glasgow, Aberdeen... ?

Albert: No, no puedo... Imagino tú conoces mucho mundo.

Rachel: No tanto... he estado en Londres, Edimburgo, York, Southampton... bueno eso del Reino Unido....

Albert: ¿Has viajado al extranjero entonces?

Rachel: Sí, mi mamá era de Canadá, estuve allí cuando era niña.

Albert: Ahm... ¿Han pasado buena noche? ¿Qué tal en su nuevo hogar?

Rachel: Si te digo la verdad me he despertado varias veces, apenas dormí nada. Escuchaba ruidos muy raros en el desván. Pensé que eran ratones pero... Ay no sé, dirás que estoy loca Albert pero me parece que... que hay algo muy raro en esa casa. Mi abuela está convencida de que... bueno... esta mañana me ha dicho que en la casa hay un fantasma.

Albert: Jajaja. ¿En serio? ¿Lo ha visto acaso?

Rachel: No, pero dice que sentía una presencia en su dormitorio... Está preocupada.

Albert: Mi abuelo dice que en esa casa pasó algo hace muchos años pero nunca me ha querido contar. 

Rachel: ¿Qué pasó? 

Albert: Te digo que no lo sé... ojalá lo supiera... Pero no creas en esas tonterías, la casa está muy vieja, tiene más de doscientos años y seguro crujen los suelos de madera, las ventanas, las puertas... Todo tiene su por qué. 

En ese momento aparecen Helen y Michael, ambos salen de la casa.


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Helen: Buenos días. ¿Usted debe ser la hija del doctor? ¿Rachel, cierto?

Rachel: Sí, encantada de conocerles. Albert me ha hablado de ustedes. Su mamá y su abuelo.

Michael: No deberían haber alquilado esa casa, muchacha... 

Rachel: ¿Por qué lo dice? ¿Acaso hay algo que deba saber? Por favor, dígame si sabe algo... Mi abuela y yo estamos sintiendo cosas muy raras en esa casa desde que llegamos ayer.

Michael: Sólo te puedo decir que se marchen, que se vayan de esa casa. ¡Váyanse, carajo, váyanse!!! (Se marcha hablando sólo)

Helen: No le hagas mucho caso, cariño, mi suegro está un poco... tú sabes... (Haciéndole el gesto de que está algo loco)

Albert: Debo irme, un gusto hablar contigo Rachel. Saludos a tu familia. 

Rachel: Adiós Albert... (Sonríe y se va cruzando la carretera hacia su casa)

Helen: Esa chica es muy bonita hijo pero... es hija de un médico, se ve que son una familia bien y nosotros pues... Yo no quiero quitarte ilusiones, sé que te gusta pero.... no te fijes en ella. A lo mejor se van pronto de aquí.

Albert: ¿Y por qué se iban a marchar si acaban de llegar? ¿Qué ocurre con esa casa, mamá? ¿Por qué el abuelo y tú no me cuentan que ocurrió ahí? ¡Dime!!! (Enojado)

Helen: En esa casa vivió una muchacha hace cincuenta años. Se llamaba Agnes, se iba a casar con tu abuelo, pero inexplicablemente se suicidó la noche antes de la boda. 

Albert: ¿Qué? (Alucinando)

Helen: Nunca se supo por qué lo hizo. Los padres de esa joven se mudaron poco después a Londres y jamás regresaron, la casa permaneció cerrada durante mucho tiempo y cuando los dueños fallecieron y nadie la reclamó quedó abandonada y a cargo del ayuntamiento del pueblo. Los más mayores conocen la historia pero nadie habla de ello. Se dice que el alma de Agnes deambula por esa casa. Por eso tu abuelo le dijo lo que le dijo a Rachel. 

Albert: ¿Y tú crees en toda esa leyenda? Porque yo no.

Helen: Ni creo ni dejo de creer... Me voy, tengo que ir recoger huevos del gallinero y luego ir al pueblo a hacer unas compras. Anda, ve a echarle de comer a las ovejas... 

La mujer se marcha y entra en la casa. Albert se queda fuera pensando en todo lo que le acaba de contar su madre.


INT. / CASA WILLIAMS, COCINA / DÍA

Sylvia está limpiando la ventana de la cocina la cual está abierta. En ese momento es interrumpida por doña Margaret.

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Margaret: Buenos días... ¿Dónde está mi hijo, señora O'Connor?

Sylvia: Se fue al pueblo a hablar con el alcalde y a contratar un pintor pero me da que lo va a tener difícil en estos lares.

Margaret: Dudo mucho que aquí haya alguno... Esto no es Manchester, eso está claro... 

No termina de hablar cuando Agnes la agarra del moño a la anciana por la espalda. Doña Margaret grita de dolor. Sylvia se asusta y deja caer el paño mojado al piso.

Margaret: ¡Ahhhh!!!! (Llevándose la mano a la cabeza)

Sylvia: ¿Qué le pasa señora Williams? Me asustó... ¿Qué tiene?

Margaret: Sentí que alguien me agarraba del moño. (Mirando hacia atrás) ¡Pero bueno!!! ¿Dónde?

Sylvia: Aquí no hay nadie señora. Ay por favor me parece que como siga así don James la va a meter en un asilo...

Margaret: ¡A usted es a la que voy a ingresar yo pero en un prisión de máxima seguridad! Le digo que me han agarrado del cabello. 

Sylvia: ¿Sabe una cosa? Esta mañana cuando me levanté había un reguero de agua por todo el pasillo, tuve que fregar todo el piso... 

En ese momento Agnes mueve una de las sillas de la cocina arrastrándola por el suelo hasta una pared. Doña Margaret y Sylvia no pueden creer lo que ven...

Sylvia: ¡Oh Dios míooooo!!! ¡Ahhhhhhhhh!!!!! (Sale corriendo de la cocina despavorida) ¡Señorita Rachel, señorita Racheeeeeeeel!!!!

Margaret: Sé que estás aquí... no te tengo miedo. ¿Quién diablos eres? ¿Qué carajo es lo que quieres? (Mirando a todas partes de la cocina sin ver a nadie) ¡Da la cara miserable!!!

En ese momento Agnes toma forma y Margaret la puede ver finalmente... 

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Agnes: (Con voz de ultratumba) Que se vayan de mi casa... ¡FUERAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!  (El espíritu se desvanece)

Justo en ese momento doña Margaret se queda petrificada mientras la ventana de la cocina se cierra de repente rompiéndose todos los cristales. Escuchamos música incidental.



INT. / CASA SMITH, GRANERO / DÍA

Don Michael, el abuelo de Albert está en el granero. El anciano actúa de forma muy extraña, deambulando por el lugar. De repente toma una cuerda de una vieja mesa y la lanza hacia arriba, hacia una gran viga de madera, la cuerda se engancha en un gran clavo de hierro oxidado. Escuchamos música incidental. 

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Acto seguido el señor prepara el extremo de la soga en forma circular. Michael sube a un viejo taburete y se coloca la cuerda al cuello, en segundos tira el taburete al piso con los pies y se ahorca. El abuelo de Albert acaba de suicidarse de la misma manera en que la que fuera su prometida Agnes lo hizo cincuenta años atrás. 






CONTINUARÁ...

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